La familia Warren regresa una vez más para hacerle frente al último demonio que les ha estado pisando los talones desde hace un tiempo.
Por Ricardo Diaz
Allá por el 2013 James Wan presentaba El conjuro. Una película que se basaba en los casos de una pareja de demonólogos dedicada a ayudar a familias que vivían rodeadas de actividades paranormales y fantasmas malvados. El resultado fue un film que evocaba aquellas películas de terror de los 80, en donde el mayor logro era jugar con lo que no se ve, alejarse del reguerío hemoglobínico y jugar con sustos mas naturales, los famosos jump scares.
Dicho film fue la punta de lanza para una serie de secuelas y spin off de dudosa calidad algunos, pero todos tenían algo en común: el bien sobre el mal, siempre, la cursilería en algunos puntos al extremo. El conjuro: últimos ritos, no escapa a esta premisa pero es en donde mejor sirve a su propósito.
Nadie niega el amor que se tienen Ed y Lorraine Warren (Patrick Wilson y Vera farmiga), casi como si fueran un ejemplo de lo que debería ser un matrimonio y todo basado en la fe. Esa cualidad es la que le ha permitido durante todos estos años ser una familia fuerte y poder hacerle frente a todos los demonios que han intentado quitarle la paz a diversas familias a lo largo de la saga. Sin embargo, esta vez van a ser ellos los perseguidos. Deberán aferrarse más que nunca a sus creencias y al amor de familia.
La película comienza a mediados de los 60, con unos jóvenes Warren en en su lucha contra el mal, en donde Lorraine está a nada de dar a luz a su hija. Un evento en ese exorcismo hará que la pequeña Judy (Mia Tomlinson) no sea una niña normal, sino una especie de milagro. Veintidós años después y con varios exorcismos a cuestas, los Warren ya se encuentran en una especie de retiro. Dan charlas en las universidades a unos pocos porque ya nadie cree en lo paranormal; sumado a que el paso del tiempo conlleva cuidados a la salud. Ed quedó débil del corazón tras los eventos de El conjuro 3: el diablo me obligó a hacerlo (2019) por lo que no puede tener emociones fuertes, a pesar de que él no lo acepte con muchas ganas. Su hija, ya adulta, comparte el don de su madre y comienzan a tener visiones compartidas de algo siniestro, vinculadas a un antiguo espejo que estuvo presente la noche del nacimiento de Judy. Esas visiones van a llevaros a la familia Smurl que es a la que le tocó el ocho, y hay un demonio que los está aterrorizando y los hace escupir vidrios y son perseguidos por un gigante de pelo lacio con un hacha.
Sin embargo esa familia, con el correr de los minutos, se convierte en un señuelo para atraer a la joven Warren. Podría decirse que en el nacimiento de ella hubo alguna trampita que necesita ser corregida y por esa brecha el diablo quiere meter la cola. Corromper un milagro y que encima puede ver cosas que otros no pueden, un manjar para Belcebú y sus secuaces. De esta forma los Warren y el futuro novio de su hija, Tony (Ben Hardy), deberán agarrar sus mejores crucifijos y biblias y creer a toda costa para poder salvarse juntos y poder contarle esta historia a sus nietos.
Lo más logrado en estos años en la saga es justamente lo que mencionaba al principio, la construcción de la relación de Ed y Lorraine porque más allá de la virtud que tiene ella de medium, Ed la acompaña sin tener ninguna habilidad extra sensorial, solo el amor y el hechor de creer en ella. Y juntos profesan una fe insuperable. En esta despedida se da como una especie de continuación/legado en su hija que es la que posee el don y en su novio que es ex policía y también el amor por Judy lo hará creer en ella y en ese otro mundo, aunque le genere dudas y miedo.
Michael Cahves consigue un par de sustos en algunos momentos del film y destaco la escena de Judy en la sala de espejos aunque rememore a It: chapter 2 es una muy buena escena lograda. Pero, es una película extremadamente larga para algo que ya se conoce de otras entregas, y que él también lo sabe, porque fue responsable de la entrega anterior, una de las más aburridas. Por eso, ahora se aprecia una mejora y el resultado no es del todo malo. El problema de la duración, la saga lo arrastra desde su segunda parte y se debe simplemente porque es algo que ya está gastado y por razones obvias. Ya se conoce el modus operandi de los Warren. Y las pequeñas perlitas escondidas en los films se volvieron spin off (Annabelle, The Nun, The curse of la Llorona) y solo la muñequita vestida de blanco es la que zafa con mucho pero mucho esfuerzo, las demás ni vale mencionarlas.
El conjuro: últimos ritos hay que tomarla como un cierre nostálgico y emotivo para despedir a los personajes de Wilson y Farmiga. Es el film de ellos, de su familia, su carta de despedida. Una carta que cuenta su historia más personal en la que hubo momentos de miedo, pero que hubo algo más que hizo posible llegar a donde estuvieron y vencer cualquier conjuro: amor.
Clasificacion: *** (Buena)
Título original: The conjuring: last rites (2025) - País: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido - Director: Michael Chaves - Guión: Ian Goldberg, Richard Naing, David leslie Johnson-McGoldrick - Intérpretes: Patrcik Wilson, Vera Farmiga, Mia Tomlinson, Ben Hardy, Steve Coulter. - Fotografía: Eli Born - Música: Benjamin Wallfisch - Duración: 135 minutos.
Fotos:ImdB

